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sábado, 7 de junio de 2008

EL SEPTIMO DE CABALLERIA Y EL SARGENTO BUSH



...En aquella época en que los americanos estaban locos, nos asombraban con su forma de vida, que nos llegaba desde el otro extremo del globo. Inventos revolucionarios atravesaban los mares cubriendo la vieja Europa, de canciones de glamour con aires de libertad.
Eran los tiempos de los innumerables viajes que en mi infancia y adolescencia hacíamos a Andorra a comprarnos algún mechero de gas Ronson o adquirir en una pequeña tienda, que hacia su agosto, para comprar los famosos vaqueros Lewis, esto sí, con etiqueta -roja-. Era lo que molaba, teníamos que seguir la moda Americana, con todos sus defectos y virtudes. Son los tiempos de la gran América. Los tiempos del séptimo de caballería.

Se iniciaba, por aquí, la época del guateque que eran los bailes adolescentes en piso o garajes, con un tocadiscos a pilas y todo ello envuelto con matices políticos de la era del franquismo. Las mujeres víctimas principales de la política del momento que no podían tener unos ahorros en una entidad bancaria, ni pasaporte y tantas negaciones que les impuso el machismo político y social de la posguerra. Esto sí, en los Estados Unidos, reinaba la democracia de las libertades sociales e individuales y del capitalismo mas duro.
A pesar de todo, nuestros sueños infantiles estaban de lado del séptimo de caballería, eran los soldados valientes, esforzados, garantia de la justicia, o esto es lo que pensábamos, en una España grisácea con olor de tortilla de patatas y gallos en los vagones de Renfe.

Yo, volvía a la autentica realidad, después del guateque a escondidas, tenía que ir a la lechería a comprar leche con lecheras metálicas o aceite a granel o comprar colonia por onzas o bien comprar hielo para nuestras neveras, quien las tuviera o en mi caso, un barreño donde poner la gaseosa y la pieza de hielo que había adquirido en la bodega y que dejaba por las calles un reguero de agua. O la barra de pan que se pesaba y te añadían la parte que te faltaba para no devolverte el cambio.
Era la época de los americanos, del gran sueño americano, de las películas del -Gran Oeste-, donde aplaudíamos cuando el séptimo de caballería se cargaba los malos y aplaudíamos a rabiar porque los indios como hoy: El pueblo de Irak, eran los malos y debían morir, simplemente porque eran los malos y los americanos, mas guapos, mas valientes, eran los buenos.
Era la época de los cines donde se podía fumar un -celtas- sin que nadie te reprochara, o las madres que llevaban a sus bebes para que llorara en el instante que los malos de la película no podían escapar de la justicia americana.

Nosotros teníamos nuestros inventos del TBO, en sus páginas centrales. Disponíamos de nuestra primera radio de galena, ecológica, que no llevaba pilas, ni necesidad de corriente, con una simple cogida de la malla del colchón podíamos escuchar los partidos de fútbol. Teníamos nuestros héroes gráficos que bien quisieran los americanos que nos inundaban con Supermán y nosotros sacamos las réplicas de Carpanta, los hermanos Zipi-Zape, Azañas Bélicas, Roberto y ...

Después del cine del domingo que celebramos con traje y corbata y zapatos con brillo Kanfort, volvíamos a la realidad del fatídico lunes y con la terrible asignatura del Espíritu Nacional, que no entendía lo de Gibraltar ni las azañas bélicas de Franco, pero bueno, realizando un curso veraniego de quince días en un campamento en las tierras de Soria o de una Universidad Laboral, bajo la insignia de la O.J.E, te aprobaban la mencionada asignatura y a la vez te enseñaban a orientarte si te perdías en un bosque a través de la corteza del los árboles.
Pero también teníamos nuestros sueños infantiles, con la destreza y valentía del oficial de caballería de los Estados Unidos, mientras nuestras madres escuchaban los consejos de la pérfida Elena Francis.

Pero el séptimo de caballería sigue haciendo sonar sus trompetas al mando del oficial de caballería: Sargento Bush, invadiendo Irak, cercando Cuba...y tantas otras cosas, expandiendo una recesión galopante por todo el mundo. Repartiendo bombas por todo el planeta, mientras el tercer mundo sigue agonizando...los niños van muriendo, la gente mutilada y madres que ven que sus hijos los mata la guerra, los mata el séptimo de caballería y su sargento Bush.

Era la España de los serenos que velaba el sueño de los españoles; del tranvía cuyo billete nuestros padres guardaban en la comisura de los labios o en el anillo de bodas. Era la España de los organillos, o del andaluz que arrastraba su burro repleto de cántaros, la España de las escupideras depositadas en las entradas de las porterías o centros públicos, para los tuberculosos o por, simplemente, ganas de escupir. Era la época de los municipales que llevaban el-salacof- y que por navidades los peloteros les llenaban de botellas de cava o vino y de algún jamón, para que hiciera la vista gorda en otra ocasión menesterosa y nos librara de la multa por una infracción de tráfico. Era la época del -Nodo-, que todo el mundo aprovechaba para salir al exterior a oxigenarse. Era la época de la -Sección Femenina- donde nuestras madres se medio- formaron en la castidad y las buenas costumbres encorsetadas por el régimen de Franco, donde los besos públicos eran reprimidos.
Pero...el domingo, con nuestro traje y nuestros zapatos relucientes nos íbamos al cine a ver el séptimo de caballería y ver como los malos morían. Igual que hoy, siguen siendo los americanos los buenos y los que mueren de hambre...los malos.
La diferencia, ahora, es que hace tiempo dejamos de ser niños y hace tiempo dejamos de creer en el séptimo de caballería.

lunes, 19 de noviembre de 2007

¡¡ESPAÑOLES TODOS!!!-FRANCISCO FRANCO











Tu padre que nació en la post-guerra civil española, tiene en su memoria ciertas imágenes de la época que le correspondió políticamente vivir.






Recuerdo como el Caudillo viajaba por todo el país con sus arengas que casi siempre empezaban con un !Españoles todos...¡¡¡ en las plazas públicas de la España de entonces. Yo que no debería tener mas de diez años me hallé, obligado, un par de veces en estos tumultos, rodeado de la -Guardia Mora- apuntándonos desde los tejados de la plaza de ayuntamiento con sus armas de fuego.



Tampoco queda en el olvido que, en aquellas concentraciones mucha gente levantaba el brazo gritando y repitiendo el nombre del dictador. Toda esta gente que en aquellos años levantaba el brazo efusiva mente hoy milita en el abanico de los partidos democráticos de la España plural. Son cosas de la vida. ¿Quien lo diría verdad?


Unos años antes, mi querido Jordi, tu abuela, que era mi madre, tuvo un par de percances dignos de mencionar.

Una soleada mañana de verano, con mi padre, se fueron a la playa. Mi madre, muy joven, lucia un bañador de dos piezas. Solo se dejaba ver un simple ombligo que fue suficiente para ser multada por falta de decoro y en contra de las buenas costumbres del régimen.

La tarde del domingo que mis padres se fueron al cine, se les ocurrió besarse. ¡La que se armó!!. Encendieron las luces bajo el bochorno y la atenta mirada de quien parecía ser un policía de paisano que ocupaba el asiento de atrás, que no daba crédito como una pareja de jóvenes y muy atrevida, osaran besarse públicamente y en contra como siempre de la moral de Franco. Fueron llevados a comisaría y gracias al buen talante del inspector de turno, los dejó libres, no sin antes comentar al policía de paisano preguntándole.¿Ud, no ha besado nunca a su mujer?

En mi pequeñez y juventud, la recuerdo como una época gris, no se si era por la policía, los grises, o porqué, en semana santa, me tenían atornillado moralmente, pues ni había televisión, ni cines, ni restaurantes... sólo música sacra o sea que de pecar, los españoles no podíamos pecar ni con la novia, ni sin ella; pues con ello se nos cerraba las puertas del cielo, además la novia contribuía, quien la tuviera, a confirmar una vez mas su sentido religioso de la época o por haberse formado en la "Sección Femenina ".

La moral era la moral y las buenas costumbres...aunque no todo el mundo las siguiera, aunque hoy, desde el inicio de la democracia, la moral, las buenas costumbres y la educación están arrinconadas. En este tema hemos pasado de un extremo a otro y compruebo con cierta tristeza que nuestro país ha conseguido ser la octava potencia económica del mundo, aunque en mis bolsillos no se aprecia, pero en materia educativa-social estamos a la altura de Marruecos.

No todo fue malo en la dictadura. Entre otras cosas, se inició la construcción de pantanos que sin ellos, ahora, estaríamos comprando agua a nuestros vecinos los franceses. Lo lastimoso es que desde el inicio de la democracia no se construyeran mas pantanos.

Pero en fin, hay que ser respetuoso con todas las opiniones, pero, hay que dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

Aquellos años pasados, en plena dictadura, los españoles adquirieron su primer " seiscientos", el desarrollo llevó al "boom" inmobiliario en toda la costa española, se levantaron hoteles y se abrió al turismo internacional, llenándose nuestras playas de hermosos cuerpos ávidos de calenturas de toda índole.

El españolito de a pié compraba su apartamento o su primera parcela y era así como nacieron los domingueros, llevando a cuestas, la mujer, los niños, la suegra, el perro y los canarios. Lo importante era darle envidia a la portera que nos veía salir de casa como equipados para ir a la ascensión del Everest.

La España de la pandereta de entonces prosperaba bajo la dictadura, por inercia o no, pero prosperaba.

Los inviernos se llenaban las carreteras de utilitarios con dirección a la francesa Perpinyà, donde se llenaban los cines en sesión continua -mañana y tarde- para ver "El último tangoen París", pues todo el mundo quería saber lo que se podía hacer con la mantequilla. Había estallado, por fin, el también, "boom" erótico de los españoles.

Y así íbamos sorteando la vida. Nos faltaba el tercer "boom" que vino con la democracia, el de las libertades políticas.


...De pasar a cantar el -Cara el Sol- con el brazo en alto, de la gran mayoría de los españoles. Nos encontramos que todos somos demócratas, antifranquistas y muy, pero muy liberales. La memoria histórica es maleable como el oro.


Lo que no entiendo de la reciente historia de nuestro país, que nos dediquemos a eliminar todo resquicio del franquismo. Estatuas de Franco, nombre de calles....con el fin de olvidar un pasado reciente histórico que se quiera o no forma parte de la memoria de todos los españoles. No seria nada de extrañar que cualquier día, alguien tuviera la brillante idea de destrozar las estatuas de los emperadores del imperio romano, sus acueductos, puentes o destruyamos las mezquitas árabes de Andalucia.

La memoria histórica de un país hay que conservarla para bien de unos y para mal de los otros, por esto es la memoria histórica. Hay que aceptarla. Pero ni los vencidos, ni los vencedores pueden escribirla. Para ello existen los historiadores y el tiempo.

El respeto a las creencias de los demás es un ejercicio democrático. Los que actúan cambiando el rumbo de la historia o de hechos acaecidos son los antidemocráticos, o ¿quizás seria mejor llamarlos dictadores?